Los pre-prints en la era de la infoxicación
Nota: Este artículo es una actividad realizada para el Diploma de Experto Universitario en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UPV-EHU/UPN). Es la tarea 3 de la materia Los discursos de la ciencia en la esfera pública en el siglo XX. "¿Qué papel tienen los pre-prints en la comunicación de la ciencia?"
Según el último informe de la FECYT sobre Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología en España de 2022, cada vez son más las personas ajenas al ámbito científico que se interesan por la ciencia. En su último informe, que data del año 2022, casi un 50% de los encuestados afirmaron sentirse atraídos por alguna disciplina científica mientras que, en este mismo informe de 2017, el porcentaje baja al 16%. También en el informe de 2022 (fig. 1) se ve una clara tendencia de la sociedad a consultar la información científica en Internet, una fuente de información que duplica el número de consultas del siguiente medio al que más recurren, la televisión. Con estos datos sobre la mesa, cabe plantearse los retos a los que se enfrenta la comunidad científica ante una tecnología que facilita la diseminación de noticias que pueden ser valiosas para la sociedad y otras que, lamentablemente, no lo son tanto.
Figura 1. Medios de comunicación a través de los cuales la población general accede a la información científica.
Fuente: Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología 2022, FECYT
Es evidente que la sociedad reclama cada vez más información científica y, si bien es cierto que hay cada vez más medios de comunicación que se dedican a la divulgación científica como The Conversation que se suman a otros con largo recorrido y reconocido prestigio como National Geographic, lo cierto es que nos encontramos ante un panorama desolador en el que un titular sensacionalista tiene mucha más repercusión que cualquier discurso científico fundamentado. La ciencia, por desgracia, no está exenta de la cultura de la viralización. Ante esta infoxicación a la que los usuarios y usuarias de internet interesados en ciencia nos vemos sometidos cuando lanzamos una búsqueda en Google, ¿qué papel juegan los pre-prints?
Para empezar, tenemos que saber que un artículo científico pasa por varias fases desde que el investigador o investigadora lo redacta hasta que otro científico o periodista lo cita como fuente. La fase en la que un artículo científico recibe el nombre de pre-print sería el paso previo a su publicación en una revista científica. Los pre-prints se publican en repositorios de acceso abierto tanto para quien publica como para quien lo descarga; es decir, su publicación y consulta tienen un coste cero.
Esta forma de publicación tiene muchas ventajas pero no está exenta de inconvenientes. Hay ciertas situaciones excepcionales, como la de la pandemia por COVID-19, que requieren una generación de conocimiento científico rápida para poder aplicar soluciones que permitan revertir o frenar la situación de emergencia, y los pre-prints ofrecen esa posibilidad de inmediatez a los investigadores. Otro punto a favor de los pre-prints es que acelera la transferencia del conocimiento, puesto que los medios de comunicación y otros investigadores no tienen que esperar a que un artículo se someta a los, a veces tediosos, procesos de revisión que requiere su publicación en una revista científica. Sin embargo, el hecho de que cualquier centro de investigación pueda publicar un artículo sin revisar no está exento de riesgos porque, si bien el rechazo por parte de la comunidad científica es casi inmediato, no ocurre lo mismo con la población general. Una vez nos han inoculado la información, ésta es muy difícil de eliminar por dos cuestiones: por un lado, suele ser de índole sensacionalista y, por otro lado, está supuestamente respaldada por científicos, y por lo general como sociedad tendemos a confiar en la ciencia (fig. 2).
Fig. 2. Confianza en los científicos. Fuente: Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología 2022, FECYT
Como comunicadora, a priori diría que, en una evaluación riesgo-beneficio de la publicación y uso de pre-prints como fuente de información científica, la balanza se inclinaría del lado del riesgo. A priori. ¿Por qué digo esto? Al ser información no revisada por pares, que es el medio de verificación y contraste de información que utilizan las revistas científicas, puede ser información, digámoslo así, poco fiable. Si fuera la directora de un medio de comunicación de divulgación científica, no me arriesgaría a publicar artículos con una base aparentemente tan poco sólida a riesgo de difundir noticias poco rigurosas y perder mi credibilidad y mi prestigio como medio.
Sin embargo, nótese que digo “a priori”. El 14 de marzo de 2022 se hacía viral una noticia de que un artículo, escrito en parte con la ayuda de ChatGPT, se saltaba todos los filtros de la prestigiosa revista Elsevier y la introducción comenzaba con una frase propia de esta herramienta de inteligencia artificial (fig. 3). Aquí el debate no es si el artículo ha sido escrito o no con ayuda de IA, sino que supuestamente es un artículo revisado por pares por el que una persona ha pagado los costes de procesamiento del artículo (APC por sus siglas en inglés) que, en el caso de la revista mencionada, oscilan entre 170€ y 8.500€ según datos publicados en un artículo de The Conversation por el investigador del CSIC José Miguel Cerdá-Reverter. Un artículo científico que, para mí, ha perdido parte de su credibilidad y prestigio.
Figura 3. Comienzo de un artículo científico de la revista Elsevier. Fuente: X (antes Twitter)
Este tipo de noticias hacen que la balanza se incline cada vez más a favor de los pre-prints y que sea el investigador, divulgador, periodista, etc., quien, bajo su responsabilidad de comunicar la ciencia con rigor, contraste la información y decida qué publicar y qué no. La desinformación, sea o no deliberada, es parte inherente a las redes sociales, que es el medio por el que más rápido circulan las noticias. Por lo tanto, creo que la solución es que desde las universidades y centros de generación del conocimiento hagamos buenas campañas de cultura científica para crear mentes con capacidad crítica y analítica que dispongan de las herramientas para luchar contra los bulos y no contribuir a su difusión. La responsabilidad no puede recaer únicamente sobre científicos y científicas que buscan una ruta rápida y accesible para dar a conocer sus publicaciones a una sociedad cada vez más sedienta de ciencia.
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